“Atracones” emocionales…
Las emociones influyen enormemente en el apetito; pocas lo quitan, la mayoría lo aumentan.
En Occidente mantenemos una relación ambivalente con la comida. Por una parte nos proporciona placer saborearla y además, la asociamos a momentos placenteros, reuniones familiares, amigos, fiestas en general. El problema es el sentimiento de culpa que a muchas personas, les sobreviven por haber cometido excesos con la comida. ¡La culpa! Una vez más, la destructiva culpa…
La culpabilidad surge también cuando atacamos el frigorífico no para satisfacer una necesidad fisiológica, sino para “tapar” emociones que no sabemos controlar.
¿Quién no ha llorado sus penas a una tableta de chocolate?
A este y a tantos otros ejemplos de la ingesta compulsiva de alimentos, se le llama “comer emocional”; es decir, cuando recurrimos a la comida “ante un malestar emocional”, bien por ansiedad o por dificultad para solucionar problemas.
¿Con que emociones negativas nos lanzamos a la comida? Una pregunta que tuve la oportunidad de realizarle, durante una reciente entrevista para la radio, a la psicóloga Victoria Cadarso autora de ¿Las emociones engordan o adelgazan? La especialista considera que “normalmente el miedo es la única emoción básica con la que no comemos, porque se suele formar un nudo en el estomago”. “Con la alegría sí comemos, pero como “nos movilizamos mas, lo quemamos, así que en la mayoría de los casos la alegría no engorda”. Generalizando, se podría decir que la tristeza, el enfado y la preocupación son las emociones que nos llevan a comer en exceso. “Con la tristeza es una manera de llenarte, de sentirte confortado; con el enfado, una manera de tragártelo, y con la preocupación, como estamos dándole vueltas a la cabeza no sentimos el cuerpo, entonces cambiamos el foco de la cabeza al estomago”, explicó Cadarso.
Siempre existe un segundo antes del atracón. La psicóloga, aconseja “parar y preguntarse: ¿qué estoy sintiendo, donde lo estoy sintiendo y qué me está diciendo esto que estoy sintiendo?”. Recuerda que las emociones solo tratan de llamar nuestra atención para que las atendamos.
Con que solo te pares ante esa necesidad de engullir sin razón, ya no estás en la reacción. En todo caso, al reflexionar vas a responder, pero no a reaccionar.
Siguiendo este consejo, algo varia, ya es imposible comer de manera automática, por lo tanto se hace de manera consciente y es justo ahí “cuando lo puedes parar”.
El secreto no es secreto. En realidad es muy sencillo: dieta equilibrada y ejercicio físico, que no solo nos pone en forma físicamente sino que nos hace sentir bien emocionalmente. Las dietas restrictivas no son sostenibles a largo plazo. Hacen recuperara rápidamente los kilos perdidos y meten en el bucle “efecto yo-yo”: me salto la dieta, me culpo, restrinjo mi dieta me la vuelvo a saltar… En fin, lo único que verdaderamente funciona, es comer con sentido común. Es necesario huir de las dietas mágicas y buscar hábitos de alimentación correcta que mantener durante toda la vida. Lo que importa es el hábito, lo que haces habitualmente, sin olvidar que de vez en cuando, hay que darle un gustazo al cuerpo. Me parecen terribles esas personas que, por no concederle medio kilo a la báscula, pueden pasarse el día “chupando lechugas”. Yo creo que el asunto no va por ahí.
No solo no pasa nada porque un día te comas un trozo de tarta de chocolate, te dejes vencer por un suculento guiso grasiento o te des un atracón de patas fritas. El asunto es, lógicamente, no hacerlo todos los días, claro…
Si tú te tomas la vida como que “no puedo comer esto ni esto otro” tienes sensación de privación y a la larga es peor el remedio que la enfermedad. Sobre este punto comenta Victoria Cadarso: “Si dices voy a comer de todo y saborearlo y tomármelo con gusto”, te engorda menos porque no te genera ni malestar ni tensión. “Si hoy he comido más de la cuenta, me hago cargo, así que mañana ando mas y lo quemo. La clave, ya lo sabemos, está entre lo que ingiero y lo que quemo. No estoy haciendo ningún descubrimiento, ¿ verdad?. Sera cuestión entonces, de ponerlo en práctica.
Es necesario prestar atención a nuestras emociones “a lo que estamos sintiendo”, y aplicar la inteligencia emocional, que no es otra cosa que: atender nuestras emociones, clarificarlas y regularlas, porque de lo contrario, seguiremos utilizando sustancias ajenas para satisfacernos transitoriamente. Recuerda: las emociones solo tratan de llamar nuestra atención para que las atendamos
El error no es comer un dulce cuando apetece, sino hacerlo buscando un premio a un problema o utilizarlo de inútil “tapadera”…
La operación biquini, ya esta aquí. No caigas en los mismos errores de todos los años… olvida las dietas milagro que te aseguran estar estupenda/o en quince días… como yo no tengo que recordarte, ¡ es mentira!.
Indaga en tus estados de ánimo, elimina conscientemente los “atracones emocionales” ( suman muchas mas calorías de lo que puedes llegar a imaginar…) , aprende a realizar los cambios necesarios para disfrutar comiendo los alimentos que te hacen sentir bien y dejaras de tomar los que te perjudican porque están asociados a tu estado emocional. Puede que este plan, sea algo más complejo y largo que ponerse a dieta, pero, si verdaderamente, te responsabilizas de ello, no solamente conseguirás tu razonable, peso ideal, sino que lograras mantenerlo. Y sobre todo, no te obsesiones y ¡disfruta!. Según tengo entendido, estamos aquí, precisamente, para eso…
Para leer:
Las emociones ¿Engordan o adelgazan? Victoria Cadarso. Palmira
Este libro te ayudará a analizar todas las razones por las que la bascula varía según las emociones que te dominen y te ofrecerá eficaces herramientas para alcanzar tu peso ideal.


Hay pocas cosas que me pongan tan de buen humor, como una buena bandeja de dulces. Lo peor, es que despues, comienzan los remordimientos. Este fin de semana, ha sido un poco complicado emocionalmente, asi que, me he dado un grandioso y dulce atracon … el biquini, puede esperar…
Lena