La Danza de las Emociones

Blog sobre el libro de Mª José Bosch

La argucia del envidioso

Divino Emperador Cayo Julio César
Creative Commons License photo credit: Manel

 

 

En  la celebre obra, Julio Cesar,  escrita en el año 1.600 por el dramaturgo William Shakespeare , la conjura política se inicio por la acción de un envidioso, Casio, quien busca a toda costa la desvalorización del César. Su absoluta denigración. Para ello, entre otras argucias  intenta convencer a Bruto, porque le sabe hombre estimado por el pueblo. Pero en el fondo sabe que éste no se dejara convencer con sus bajas calumnias. Así que el implacable Casio, decide poner en marcha una campaña de desvalorización del Cesar intentado demostrar que el gobernante no es un Dios como sostiene Roma. Que lejos de ser valiente en realidad es de naturaleza débil, incluso temeroso. Para ello no duda en recurrir a episodios vividos con el Cesar como, por ejemplo, cuando estando en España, el hombre mas impotante del mundo fue presa de la fiebre.

 

Dice Casio: “Observe como temblaba.  De sus labios cobardes había huido el color y esos mismos ojos, cuya mirada atemoriza al mundo, había perdido su brillo. Oíalo yo gemir, si. Y ésa, su voz, que invito a los romanos a que lo distinguieran y a escribir en los libros sus discursos, ¡oh, Vergüenza! , gritaba: “Dame algo de beber, Titinio”, igual que una niña quejumbrosa. ¡Por los dioses! Maravíllame que un hombre de constitución tan débil pueda marchar a la cabeza del majestuoso mundo y llevar el solo la palma”.

  “Tales hombres no sosiegan jamás mientras ven alguno más grande que ellos y son, por tanto, peligrosísimos”, se le escucho en alguna ocasión decir al propio Cesar quien se había dado cuenta de la condición de envidioso que exhibía el traidor, Casio.

 

Uno de los impenitentes trabajos de la envidia consiste en tratar de demostrar a uno mismo,  y de manera especial a los demás que,  la persona envidiada, está muy lejos de valer lo que dice. El envidioso está acostumbrado a meter cizaña entre los amigos y parientes, con el propósito de lograr sus objetivos a base de engatusar y confabular. Difaman, insultan, acusan y cuando ya no les queda más argumentos para hablar en contra, transforman la mentira en verdad. Una de las peligrasas argucias del envidioso. 

    La envidia es el gusano roedor

         del mérito y de la gloria.

                      Francis Bacón

 

 

 

 

Datos del artículo

Fecha
18 de Abril de 2009

Autor
María José Bosch

Palabras clave

3 comentarios a “La argucia del envidioso”

    Lena dice:

    ¡¡¡¡¡¡¡¡ Huid de los envidiosos!!!!!!!! Son muy peligrosos.

    Defi1 dice:

    La verdad es que es un tema que siempre me ha llamado la atención, no porque nunca lo haya sentido o mire como bicho raro a quienes lo padecen. No, nada de eso, tampoco sé cómo lo hacen esas personas que confiesan nunca haber sentido codicia del otro. Dudosa declaración, considerando que algunos expertos manifiestan que éste es un mal innato en la especie humana

    Karol dice:

    Tienes razón Defi, ¡hay mucho mentiroso ¡. Como dices, la envidia, es un mal innato a la condición humana. Sin embargo, hemos de protegernos de ella a toda costa. Además de los consejos que por aquí se dan, qué están muy bien, creo que solo Dios puede protegernos de ese veneno. Miremos hacia Dios y veremos mucho más allá de lo que imaginamos.

    Un saludo



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