El anciano y las verdaeras emociones

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Saber reconocer las propias emociones, poder nombrarlas y diferenciarlas, representa uno de los componentes esenciales de la inteligencia emocional. Puede parecer  en principio sencillo pero nada más lejos de la realidad. El mayor problema con el que nos encontramos es que tenemos poca práctica en identificarlas  y a menudo las confundimos y tergiversamos. Conocer, comprender y regular  nuestras emociones y los sentimientos de las personas con las que nos relacionamos personal y profesionalmente es uno de los desafÃos más difÃciles con los que nuestro cerebro puede enfrentarse. Es algo complejo, pero imprescindible para disfrutar de relaciones saludables con los otros y, por supuesto,  con nosotros mismos.
Este maravilloso cuento chino ilustra perfectamente la pregunta sobre la naturaleza de las emociones. El anciano y las verdaderas emociones, es su titulo.
Cuentan, que en China, un anciano decidió regresar al lugar donde habÃa nacido y del cual salió siendo muy joven. En el camino, se unió a un grupo de viajeros que llevaban la misma ruta y a los que le explico el motivo del viaje.
Después de varias monótonas jornadas, aquellos hombres decidieron divertirse a costa del viejo.
-     Mira anciano, ya estamos llegando a la tierra de tus antepasados, esas montañas eran las que contemplaban tus ojos cuando eras niño – mintieron los viajeros.
El viejo, a pesar de no recordar nada, se sintió dichoso de ver aquellas cumbres. Horas después, llegaron a una casa en ruinas.
-Anciano, seguro que entre estas paredes jugaste en tu infancia.
El viejo al ver aquel pueblo abandonado en el que creyo haber pasado su niñez, no pudo dejar de emocionarse.
Un poco más adelante cruzaron un cementerio.
-     Mira estas tumbas, anciano, seguro que aquà están enterrados tus padres.
Al oÃr aquellas palabras, el anciano no pudo contener la emoción, y estalló en lagrimas.
Arrodillado frente a aquellas tumbas, al viejo le venÃan a la memoria mil y un recuerdos de su niñez, le inundaban el corazón viejas y añoradas sensaciones, la nostalgia invadÃa su alma con un caudal de emociones.
Pero viendo aquella escena, los viajeros se compadecieron del anciano y decidieron contarle la verdad.
-     Sentimos decirte esto, pero solo querÃamos divertirnos un poco. La realidad es que aún queda mucho viaje hasta que lleguemos a la tierra que te vio nacer. Te rogamos aceptes nuestras disculpas.
El anciano se levanto en silencio, recogió sus cosas y emprendió de nuevo la marcha con la seriedad marcada en el rostro.
Al llegar la noche, y ante el mutismo del viejo, los viajeros volvieron a pedirle perdón y expresarle su pesar por la cruel broma. El anciano los miro y dijo:
-     Mi silencio no tienen nada que ver con vosotros, pues la burla está ya olvidada.
-Â Â Â Â Â Â Entonces a que se debe?- preguntaron.
-     Se debe a que no he encontrado respuesta a una pregunta que me atormenta: ¿ Cómo es posible que afloren emociones verdaderas cuando están provienen de hechos falsos?.
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 MarÃa José Bosch.
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Un cuento impactante. A ver que os parece este que me ha llegado a traves de internet.
Esta es otra historia anónima que me ha llegado por Internet. Espero que os guste tanto como me gustó a mi.
Érase una vez un chico con mal carácter. Su padre le dió un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardÃn cada vez que perdiera la paciencia o se enfadara con alguien.
El primer dÃa clavó 43 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y, dÃa a dÃa, disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. HabÃa descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.
Llegó un dÃa en el que no clavó ningún clavo. Emocionado, fue a decÃrselo a su padre.
Su padre le dijo que era el momento de quitar un clavo por cada dÃa que no perdiera la paciencia. Los dÃas pasaron hasta que un dÃa la verja ya no tenÃa clavos. El chico, entusiasmado, se lo dijo a su padre.
El padre llevó a su hijo junto a la verja y le dijo:
- Tu comportamiento ha sido muy bueno, pero observa bien los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva, le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. No importan las veces que le pidas perdón, ya que la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida fÃsica. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes una necesidad, te sostienen y te abren su corazón. Enseña a tus amigos cómo les quieres.
Un cuento impactante. A ver que os parece este que me ha llegado por traves de internet.
Espero que os guste tanto como me gustó a mi.
El clavo
Érase una vez un chico con mal carácter. Su padre le dió un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardÃn cada vez que perdiera la paciencia o se enfadara con alguien.
El primer dÃa clavó 43 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y, dÃa a dÃa, disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. HabÃa descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.
Llegó un dÃa en el que no clavó ningún clavo. Emocionado, fue a decÃrselo a su padre.
Su padre le dijo que era el momento de quitar un clavo por cada dÃa que no perdiera la paciencia. Los dÃas pasaron hasta que un dÃa la verja ya no tenÃa clavos. El chico, entusiasmado, se lo dijo a su padre.
El padre llevó a su hijo junto a la verja y le dijo:
- Tu comportamiento ha sido muy bueno, pero observa bien los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva, le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. No importan las veces que le pidas perdón, ya que la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida fÃsica. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes una necesidad, te sostienen y te abren su corazón. Enseña a tus amigos cómo les quieres.