Bondades del llanto.
El llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas
que no pueden decirse con palabras.
Concepción Arenal
Hablar sobre lo que ha provocado nuestra tristeza suele ayudar a mitigar este sentimiento. Una necesidad no satisfecha que encontramos en un conmovedor cuento de Anton Chejov, que tiene por título, precisamente, La tristeza. Es el retrato de un hombre atacado ferozmente por el dolor y la soledad. A la pérdida de su hijo, se suma la inmensa tristeza de no encontrar a un solo confidente con quien compartir algo de su pesar: “Torna a quedarse solo con su caballo. La tristeza invade de nuevo, más dura, más cruel, su fatigado corazón. Observa a la multitud que pasa por la calle, como buscando entre los miles de transeúntes alguien que quiera escucharle. Pero la gente parece tener prisa y pasa sin fijarse en él. Su tristeza a cada momento es más intensa. Enorme, infinita, si pudiera salir de su pecho inundaría el mundo entero”.
En Locas aventuras de Roobin Hood, Robin le aconseja a un joven seguidor. “Cuéntanos tus problemas y expresaste con absoluta libertad. Un torrente de palabras siempre alivia las penas del corazón; representa algo así como abrir las compuertas cuando el molino esta rebosante”
Cuando nos sentimos verdaderamente tristes las lagrimas sobrevienen, a veces resulta muy difícil contenerlas. El hecho de llorar nos ayudar a sentirnos mejor.
Llorar es sano dentro de unos límites. Ser capaz de llorar y de expresar aquello que sentimos dentro nos ayuda a fomentar la intimidad llorar es otra forma de comunicarnos más allá de las palabras. Es importante respetar el llanto de una persona. Decir no llores o no estés triste, estará cargado de buenas intenciones pero realmente, no ayuda mucho a quien sufre. Es necesario aprender a darse permiso para llorar . Es muy frecuente escuchar a personas que se disculpan cuando las lagrimas afloran: Perdona, lo siento.

