Una emoción necesaria
Cuando sufrimos una perdida, una decepción, la tristeza es la emoción que hace parar al organismo para ver qué ha pasado, como nos va a afectar y a partir de ahí reiniciar: “refuerza especie de retirada reflexiva en las actividades de la vida y nos deja en un estado suspendido para llorar la perdida, reflexionar sobre su significado y , finalmente, hacer los ajustes psicológicos y los nuevos planes que nos permitirán seguir con nuestra vida”[1]
- ¿Quién le enseño todo esto, Doctor?
La respuesta fue instantánea: sufrimiento
Albert Camus
La Peste
Así pues, la próxima vez que estés triste no te censures y en lugar de ello considera que estas pasando por una etapa natural de recuperación tras una pérdida o un fracaso, que te permitirá aprender acerca del mundo y de ti mismo. Pero recuerda que una cosa es pensar, y otra, muy distinta, darle vueltas a las cosas en la cabeza. No debemos confundir lo que es un saludable ejercicio de reflexión, que nos puede ayudar a estar preparados y alertas ante posibles coyunturas o situaciones adversas, con un estado de pesimismo inútil y estéril, que lo único que provoca es miedo e inseguridad[2] Tomate tu tiempo pero ¡ojo!, no te enganches a la tristeza puede arrastrarte hasta lugares terribles. Hay ocasiones en que parece imposible superar la pena, aunque pasen los días, las semanas, los meses y los años, parece que nada cambia en nosotros y es que hay quienes por duro que pueda sonar, se asientan en la tristeza, en su pena como una actitud ante la vida: “El sufridor es la persona que decide mantenerse en la pena, disfrutar de la pena”[3]
Marìa José Bosch.
[1] Intelingencia emocional
[2] MºªJesús Álava Reyes, La inutilidad del sufrimiento, La esfera de los libros.
[3] Eduardo Rosello,Ay, pena, penita, pena… Los libros del comienzo.
